¿Qué hacer cuando maltratan a un niño?

Un niño tiene derecho a una vida sin violencia, y para ello los adultos debemos mantenernos informados y alerta con el fin de evitar y evidenciar situaciones de maltrato, buscando así garantizarles una vida plena. Conoce algunos signos que podrían indicar que un niño está viviendo una situación de maltrato.

¿Qué hacer cuando maltratan a un niño?

Un niño tiene derecho a una vida sin violencia, y para ello los adultos debemos mantenernos informados y alerta con el fin de evitar y evidenciar situaciones de maltrato, buscando así garantizarles una vida plena. Conoce algunos signos que podrían indicar que un niño está viviendo una situación de maltrato.

Cuando vemos que una persona adulta está perdiendo el control en el manejo de la conducta de su hijo en público y empieza a maltratarlo suelen asaltarnos las preguntas: ¿Qué hacer? ¿Me toca intervenir? ¿Tengo derecho a hacerlo? ¿Hago como que no vi? ¿Llamo a la policía? ¿Defiendo al niño? ¿Detengo al agresor/a?

En estos casos, generalmente la intención de los adultos no es dañar a los niños, no en público, aunque inevitablemente el resultado sea ese. Su comportamiento suele estar activado por el estrés, problemas personales o agotamiento de recursos para la disciplina. En este contexto, la medida se convierte en una forma carente de reflexión y tacto cuya única “utilidad” es la de descargar el enojo frente a la falta de cooperación o reacción del niño.
El maltrato propinado a un niño en vía pública suele ser consecuencia de una acumulación de tensión que llega a tal nivel que resulta inmanejable para el adulto, y entonces, la conducta del niño se convierte en la gota que derrama el vaso. O mejor dicho, el niño se convierte en el vaso donde el adulto deposita su enojo, frustración, desesperación y estrés.
Cuando aparece la violencia, la presencia y participación de una tercera persona puede servir como un regulador.


¿Qué hacer? Dependerá de la situación. Las intervenciones pueden ir desde toser para hacer constar nuestra presencia, hasta llamar a la policía o al guardia de la tienda si la situación pone en riesgo la seguridad del niño.
Entre estos dos extremos se abre un abanico de posibilidades (basadas en Kersey): Hacer comentarios o iniciar una charla que los distraiga y los saque del episodio violento. Compartir una observación sobre las necesidades del niño que en ese momento no pueda ser visto por el adulto producto de la ofuscación: “parece que tiene hambre”, “¿será que está cansado o aburrido?”. Dar alternativas: “tal vez si intenta…” Decir algo positivo del niño a su padre/madre en la primera oportunidad: “Su hijo es hermoso”, “Qué lindo pelo tiene”.


Ofrecer ayuda que baje la tensión: llevarle las bolsas a su coche, cederle el asiento o el turno en la fila del banco o de las tortillas. Simpatizar y empatizar con el padre/madre: “a mi también me pasa que…”. Utilizar el sentido del humor. Intervenir con el niño: incluyéndolo en una conversación si se está portando de manera inadecuada, iniciando un pequeño juego mientras esperan el turno para la consulta médica. Con los vecinos es útil ofrecerles cuidar por un momento a su hijo mientras él/ella se toma un descanso o se va a tomar algo.

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Gaudencio Rodríguez Juárez

Gaudencio Rodríguez Juárez

Gaudencio Rodríguez Juárez, Licenciado en Psicología.

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