Desempleo y pobreza: maltrato infantil

La pobreza puede conllevar a que los cuidadores primarios de los niños y niñas no tengan los recursos sociales, económicos y psicológicos necesarios para brindar buenos cuidados.

¿La pobreza es causante del maltrato infantil?

La violencia ejercida hacia un menor de edad es un fenómeno siempre compuesto de varios factores. Desde la falta de competencias parentales hasta la legitimización del uso del castigo físico como método disciplinario, fomentan que al día de hoy, con un auge desmesurado, el maltrato infantil se posicione como una de las principales problemáticas sociales de nuestro país.

 

 

La pobreza en este sentido aporta una situación desfavorable que se puede unir a otros elementos para que el maltrato surja como conflicto.

 

De acuerdo a la UNICEF, en 2016, México tenía una estadística de uno de cada dos niños, niñas y adolescentes viviendo en situación de pobreza. De este total de niños que viven en pobreza, 2 de cada 10 lo hacen en pobreza extrema. En el mismo informe, UNICEF también comparte que del total de población infantil mexicana (no solo de los que viven en pobreza, sino de todo el país) 6 de cada 10 niños han vivido algún tipo de maltrato.

 

 

La pobreza puede conllevar entonces que los cuidadores primarios de los niños y niñas no tengan los recursos sociales, económicos y psicológicos necesarios para brindar buenos cuidados.

 

Un padre o madre que vive bajo una gran carga de estrés por no tener los suficientes elementos para cubrir las necesidades alimenticias, médicas y emocionales tanto las propias como las de su familia, tiene más probabilidad de perder el juicio y ejercer violencia física contra sus crías.

 

Sin embargo, la problemática siempre está lejos de ser lineal, ya que en realidad la pobreza siempre se presentará acompañada de otros factores vulnerables como es la violencia de género, la drogadicción, la exclusión social, la mala distribución de la riqueza, una historia familiar marcada por el maltrato, la carencia de capacidades parentales, etc., que al final serán los determinantes para que el maltrato infantil se presente.

 

Lamentablemente el mito social que perdura hasta nuestros días es que la pobreza como tal es un sinónimo de maltrato. Dicho mito es fomentado por un sistema socioeconómico que favorece a unos pocos y vulnera a 53.4 millones de mexicanos porque le sirve de sostén para legitimar su existencia.
El error es la idea de que si la pobreza maltrata, entonces hay que retirar a los niños pobres de esa situación y colocarlos en familias económicamente mejor posicionadas para que tengan mejores oportunidades.
Por muchos años se utilizó esta lógica para “rescatar” a muchos niños y niñas de situaciones adversas y colocarlos en proyectos de adopción; pero en realidad, tanto la Convención de los Derechos del Niño, las Directrices de Naciones Unidas para las modalidades alternativas de cuidado, la Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes como el Código Civil del Estado de Guanajuato, marcan que la pobreza nunca deberá ser un factor de decisión para la separación de un niño de su ambiente familiar.

 

De ahí la relevancia de profundizar en el tema de la violencia a la infancia yendo mucho más allá del cliché del padre que maltrata físicamente a su hijo.

 

Un niño violentado, es sobre todo aquel que es vulnerado en la posibilidad de tener garantizados sus derechos humanos.
Un sistema social que mina la posibilidad de tener equitativamente distribuida la riqueza y los recursos, sin lugar a dudas es el principal ejecutor de la violencia a los niños y niñas mexicanos, ya que al colocar los elementos sustanciales de la pobreza, conlleva a la imposibilidad de que niños y niñas puedan acceder a sus derechos de la identidad, salud, educación, recreación, etc., maltratándolos categóricamente.

 

Sumado a esto, este mismo sistema que exige jornadas laborales de más de 12 horas al día (aquí no solo para la población en pobreza) imposibilita que el niño y la niña crezca en un ambiente familiar y lo obliga a institucionalizarse en cuidados burocratizados ejercidos por las guarderías, las escuelas de tiempo completo y estancias infantiles.

 

 

Por lo tanto, concluyendo, tenemos que entender que la pobreza por sí misma no es la causante del maltrato, sino un elemento más en el compuesto de violencia infantil, y que los esfuerzos que debemos hacer para erradicar el maltrato en el país, tiene que apuntar a hacer modificaciones estructurales en cómo está organizada nuestra sociedad, para que, no solo un padre y una madre, sino toda una comunidad, tengan los elementos suficientes para tratar bien a sus crías.

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