Cómo detectar el maltrato infantil en el aula

Es bien sabido que para el niño la escuela es como el segundo hogar. En ella debe encontrar no sólo conocimiento y educación, sino vínculos importantes de soporte, cariño, identidad y amor, de tal manera que el medio escolar pueda llegar a ser un espacio donde se construyan amistades y buenas experiencias.

De igual manera, el aula puede ser el lugar de denuncia de abusos cometidos contra su bienestar en casa y el maestro fungirá como un agente de detección y protección para nuestros niños. Por lo tanto intentaremos abordar de manera muy puntual ambas esferas: como papá cómo detectar que mi hijo no la está pasando bien en la escuela y como maestro cómo detectar que nuestro alumno sufre maltrato en casa.

 

El primer paso a dar como padre es que tienes que estar presente en la vida diaria de tu hijo para que puedas entender las vivencias que está teniendo en su escuela y sobre todo para que tenga la facilidad de compartirte sus experiencias. Sin embargo, también es real que entre más pequeño, más difícil será que te cuente sus problemas y será más recurrente que actúe sus ansiedades.

 

La señal más clara será que empezará a no querer ir a la escuela sin tener claro el por qué, se mostrará sin ánimo de levantarse, te hará un berrinche a la hora del desayuno, se retrasa en el momento de tomar su mochila, no se querrá quedar en la escuela, etc.

Otras señales son que su ánimo decaiga, pierda el apetito y se muestra introvertido, empieza a perder útiles escolares, no presta atención a las clases, baja de calificaciones, no tiene amigos en la escuela, no anota las tareas y se expresa peyorativamente de su lugar de clases.

Es importante que primero te preguntes si algo tiene antes de regañarle y decirle que es flojo(a) o que ir a la escuela es un deber que tiene que cumplir.

 

 

La empatía es tu principal herramienta con tus hijos, y piensa que si no quiere ir, es porque se debe a algo que pasa con su estado emocional. Un niño que se siente feliz, es capaz de obedecer e ir a aprender.

Lo mejor será que en algún momento de la semana, abrir un espacio y decirle francamente cómo lo ven, que lo han visto indispuesto, renuente y triste, y que creen que algo pasa. Lo que importa no es cuánto pagas de colegiatura, ni que sea un buen estudiante, ni que saque buenas notas, ni que sea responsable; lo importante es que sea feliz y tenga un vínculo cercano contigo.

 

 

Por otro lado, al ser maestros, nos toca tener una relación de cariño y respeto con nuestros alumnos y es muy probable que ellos nos tomen tal grado de confianza que nos convirtamos en soportes estratégicos de sus vidas.

De ahí que necesitas ser como una antena que detecta cuando uno de ellos está siendo maltratado en casa. Las señales van desde las más sutiles hasta las explícitas. El niño que no la está pasando bien en casa, tendrá indicadores de inestabilidad emocional como son:

 

  • Agresividad con sus compañeros
  • Incapacidad para aprender
  • Bajo rendimiento en sus tareas escolares
  • Una introversión exagerada
  • Conductas sexuales inapropiadas
  • Robo de material o de objetos personales de sus compañeros (o maestro)
  • Falta de concentración

 

 

 

En otro nivel, encontraremos señales más marcadas de abandono, negligencia o maltrato, como lo son que siempre llegue desarreglado(a), sucio(a) o mal atendido(a), va sin desayunar y sin un refrigerio adecuado (a veces sin nada para el recreo) y es recurrente que lleguen tarde por ella o a veces la olviden.

El niño que se expresa con tristeza de su casa y que prefiere quedarse en la escuela hasta más tarde, o que hace comentarios que insinúan que preferiría vivir con su maestra, es señal de que no es feliz en su hogar.

Señales explícitas serán golpes, quemaduras o cicatrices recurrentes. Al igual que el padre, lo importante es empatizar con tu alumno, y antes de tacharlo de mal estudiante o de un flojo, pregúntate qué estará pasando con él para que se porte así. Los alumnos difíciles siempre son los que necesitan más nuestra ayuda.

Sería importante de igual forma abrir un espacio para platicar con él y entender su situación. De ahí es muy probable que requieran hablar con los padres; pero cuando se detecta un caso grave de negligencia o maltrato infantil, es nuestra obligación denunciarlo a las autoridades.

Todos podemos crear espacios de diálogo con nuestros hijos y alumnos con la finalidad de que puedan desarrollarse plenamente en el aula.

Daniel Galván.

 

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