La adopción: responsabilidad de todos para beneficio de los niños.

La adopción es una institución jurídica de orden público e interés social que crea un vínculo familiar entre personas que no lo tienen de manera biológica. Como tal es un mecanismo establecido para garantizar que a las niños y adolescentes se les restablezcan los derechos humanos que se les han arrebatado por distintas condiciones de vida.

La adopción: responsabilidad de todos para beneficio de los niños.

La adopción es una  institución jurídica de orden público e interés social que crea un vínculo familiar entre personas que no lo tienen de manera biológica. Como tal es un mecanismo establecido para garantizar que a las niños  y adolescentes se les restablezcan los derechos humanos que se les han arrebatado por distintas condiciones de vida.

 

El eje central de la adopción es el bien superior del niño, por lo que todas las decisiones que se toman en el transcurso de cualquier proceso adoptivo debe tener como común de denominador la consideración de qué es lo que beneficia más al caso en cuestión. De ahí se desprenden toda una serie de responsabilidades hacia los personajes que intervienen.

 

Por un lado tenemos a los sistemas de protección infantil de índole gubernamental, como lo son DIF, Ministerio Publico, Juzgados Civiles, etc., quienes tienen la responsabilidad de garantizar que los niños que están en situación de riesgo y vulnerabilidad cuenten con un proyecto de vida sólido y enriquecedor.

 

La ley general de los derechos de niñas, niños y adolescentes marca en su artículo 14 que las autoridades deberán llevar a cabo las acciones necesarias para garantizar el desarrollo y prevenir cualquier conducta que atente contra su supervivencia.

 

De ahí que su primera función sea procurar que el vínculo familiar biológico permanezca y que solo bajo circunstancias en donde la vida del menor peligre, se rompa. Dichos sistemas de protección tienen como responsabilidad realizar un proceso de evaluación profesional y multidisciplinario detallado que testifique y legitime la decisión de que un menor tenga como proyecto de vida la adopción.

 

 

La misma ley mencionada, en su artículo 26, exhorta a los sistemas de protección a que utilicen esta medida, la adopción, como último recurso y solo si existe un fundamento verificable. Todo en función del impacto psicosocial que tiene en el menor la ruptura familiar.

En otra línea se encuentran las instituciones de asistencia social que se dedican a albergar a los menores que en su momento serán candidatos a adopción. En algunas ocasiones, como en el caso de Amigo Daniel, la institución también proporciona el servicio de trámite de la adopción.

 

De aquí que la primera responsabilidad del albergue sea contar con un cuerpo de profesionistas íntegro que garantice el desarrollo psicofisiológico del menor que lo rehabilite de sus heridas de maltrato lo más humanamente posible para que en su momento, esté lo más dispuesto para ser adoptado.

En este mismo sentido, el albergue debe contar con las políticas institucionales suficientes para no alienar al niño a que se convierta en parte inventariada de la infraestructura organizacional; es decir que dentro de las líneas internas que maneja el personal de la institución se debe promover el mensaje al niño de que la vida familiar es lo mejor para él y en este sentido, su adopción es un proyecto deseado por todos.

 

Muchas veces ocurre que se van a la institución construyéndole la idea al niño de que permanecer albergado es lo más ideal para su vida, por lo que se debe tener la suficientes directrices para hacer justamente lo contrario. Sin embargo, dichas políticas también deben de contener la ideología de que la adopción no es la meta prioritaria, y que la reintegración al ámbito familiar original (siempre y cuando sea idóneo) es la más favorable, dado que certifica la identidad y desarrollo del menor.

 

En el caso en donde la institución idealice la adopción, se corre el mismo riesgo que cuando se idealiza a la institución misma. El niño queda barrado ante el deseo del cuerpo organizacional.

El equipo técnico del albergue (y los sistemas de protección DIF) tiene la responsabilidad de contar con psicólogos especializados en temas de infancia y en específico en el tema de la adopción. Es común encontrar en el ámbito profesional una gran subestimación de las implicaciones psicológicas que tiene para el niño la adopción y por lo tanto de los requisitos teórico – técnicos que debe contener la intervención psicoterapéutica que acompañe en todo este proceso, caracterizado por duelos y reestructuración psíquica.

Por último, están las personas que buscan convertirse en padres por medio de la adopción. Su primera gran responsabilidad es posicionarse, no como directos beneficiarios de la adopción, sino como un agente más que se suma a la búsqueda del bien superior del niño.

 

Esto implica que los futuros padres adoptivos deben hacer cierto tipo de renuncia de su deseo personal (el anhelo de un bebé, que el niño sea de cierto sexo o que cuente con ciertas características) y abrirle paso a la disposición extensa de aceptar cualquier niño, de cualquier edad y de cualquier condición.

Al asumirse como participantes en la construcción del proyecto de vida del niño en lugar de como protagonistas de su sueño de ser padres, fertilizan la tierra en la cual ese niño emergerá sujeto.

En un segundo momento, los padres adoptivos que cuentan ya con hijos asignados, tienen más responsabilidades que desempeñar. Por supuesto están las que la condición de padre conlleva en si misma, como los son garantizar el pleno desarrollo del menor a través de la educación, alimentación, cuidados y establecimiento de un vínculo seguro de amor.

 

Sin embargo, como padres adoptivos también se cuenta con la responsabilidad de ayudarle al hijo a tramitar su adopción, lo que implica que el padre y la madre deben de proporcionar la información necesaria sobre el origen de ese hijo y ayudarle a superar las emociones que trae consigo la adopción, siempre aceptando de forma incondicional a ese pequeño que requiere de una familia.

En resumen, la adopción es un tema complejo, que requiere del compromiso profesional y humano, no solo de los participantes que aquí se mencionan, sino también de toda la sociedad, que debería de  re-acoger a los niños que en su momento han marginado, y la cual lamentablemente no ha logrado construir una postura firme y coherente sobre qué hacer sobre sus niños que aún viven de forma desmedida en instituciones.

*Para propósitos de inclusión, cuando se mencione al niño, se hace referencia a niños y niñas.

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Daniel Galván Galaviz

Daniel Galván Galaviz

Maestro en Psicoterapia Clínica por parte de la Universidad Iberoamericana. Es psicoterapeuta tanto de menores como de adultos, enfocado en temas de parentalidad y apego. Posee 9 años de experiencia en temas de psicología infantil, derechos humanos y desarrollo personal. Actualmente funge como Director de Proyecto Familiar en Amigo Daniel A.C., coordinando al equipo de Psicología, Adopciones, Legal y Trabajo Social.

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